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Gran porte, belleza infinita,
discreción en cada palabra pronunciada
y ese “algo más” que te vuelve eterna.
Mirada penetrante, dulce y serena
me embelesas al punto del adormecimiento,
obligándome a exhalar un profundo suspiro
desde mis cansados labios.
Más ¿Qué decir de tu delicioso olor?
renaciendo en un simple cerrar de ojos
provocando el vuelo de mis manos
por tocar la suavidad de la piel que exuda
Comprendo claramente el ardiente deseo
por atraer tu atención,
la facilidad con que llenas espacios
y despiertas ilusiones
Entiendo todo esto en grado tal
que al descubrirte abrazada a mi
rezaría por un instante implorando
el dulce olvido de querer llamarte…
muerte.