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Me gusta salir a caminar a la hora del atardecer.
La atmósfera quieta se va tiñendo levemente primero de rojo,
luego de lila y al filo de la noche, de azul.
Se desdibujan cada vez más los contornos
de los árboles de la avenida.
Tengo a un lado la oscuridad que avanza; al otro,
los últimos incendios del crepúsculo,
y arriba, la nota musical de la primera estrella.