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Jueves, 10 de agosto de 2006


Israel G. Araujo - Mil ochocientos veinticinco noches

Archivado en: Pensamientos




Me siento triste, bajo esta soledad tuya,
te beso y me pregunto ¿dónde vira el sueño?,
a lo lejos, el murmullo de tu voz sollozante,
esta es la hora, de nuevo sobre la almohada te veo,
¿qué otro lugar puede existir?, ¿a dónde ir?,
he dibujado sobre tus labios un navío,
para surcar en él nuestra soledad azul,
este sueño interminable compuesto de recuerdos,
donde duermes y lloras...

Esta noche, sumerjo mis palabras en las calles,
en la gente muda y tu cabello donde duermo.
he perdido el sonido de tu voz,
mí sangre rinde culto a tu ausencia,
cómo la triste verdad que desnuda las flores,
por eso callo, para oírte de lejos en la mente,
la ilusión donde tañen las campanas.

Las cosas que te escribo han de morir pronto,
cómo si respiraran por mí sangre que te llama,
bajo este bolero que no tiene nada que ver contigo,
pronto se acabara el ron de mí botella,
se quedarán mudas las palabras,
yo muero, no por ti, sino por mí,
por estas cosas que te digo.
He reservado este dolor, para escribirlo
en los campanarios, en las calles muertas,
donde las golondrinas vuelan al olvido.

Miro tu recuerdo
en esta vieja foto que hago de ti con los ojos cerrados,
eres un espectro entre mí sangre,
esta pluma torpe que bajo tu mirada incendia Roma,
vienes a mí en el viento que susurra,
en las copas muertas de las jacarandas.

Hoy quiero fumar,
para morirme un poco, para pensar en ti
has puesto en mí el destino de tu soledad
y lloro sobre tu hombro
todos los nombres que te he escrito:
el llanto diurno de las hojas,
la ceniza melancólica en el cielo.

De nuevo acudes a mí memoria,
recordando el fruto que hemos dejado ir,
el tiempo imborrable que se nos ha escapado,
tu soledad plagada de mí, de mí mano que piensa en ti,
a tu nombre que no es mío, sin llanto,
sin tu cuerpo en mí cama.

Yo lo sé, a esta hora aún lloras, aún no dices nada,
no hay palabras y de frente nos miramos,
en medio de la nada, nos pensamos,
un suspiro me lleva de tu mano,
aliento de flores que despierta en la mañana tu recuerdo,
tu piel, tus senos de leche y miel y agua.
No hay palabras en esta morada de dios,
estamos juntos, al fin de tantas horas sin dueño,
no hay más que esta noche muda
en que dormimos y soñamos y reímos solos.

Al fin de todo, de tu silencio roto,
soy naufrago de tus recuerdos,
de aquellas lilas flores que aún lloran,
tus alas de mariposa quebrantada levantan vuelo,
a ningún sitio, a esta hora nocturna en que escucho tú llanto.

Se me ha acabado la vida, fumando y bebiendo tu nombre,
he dejado a Dios de lado, tan solo para quererte,
una hora tras otra, en el mismo instante de tu voz marchita
te miro en el espejo donde tus lágrimas no lloran más.

Quisiera borrar cada sonido que no te pertenece
cada silueta tuya de las calles, de la gente.
estas palabras son fachada de murallas,
un suspiro, un sueño roto,
tu ciudad se yergue en un horizonte sin alas.

Tu silencio ha esculpido en llanto
el viento frío que ha dejado mi aliento,
he querido llorarte,
como si de tanto pensarte me dolieras,
no voy a morir escupiendo tu nombre,
ya he dejado atrás el murmullo de un sol,
soy piedra tallada en tu alcoba,
en tu cuerpo de cincel que no hace otra cosa
que romper en pedazos estos versos que te escribo.

Duermen en tus labios las palabras muertas,
el olvido espera en el andén de ningún lugar,
esta flor sobre el tejado no quemará sus pétalos al viento,
la despedida es apenas el comienzo.
Regreso a ti con el latido resquebrajado,
duermo en tu regazo con los ojos tristes,
después de todo no escribo para ti.

No sé qué hago aquí,
mí corazón voltea al centro del mundo,
he bebido el vino que no acaba de vaciar mí copa,
tu estas aquí y allá, donde mí ojos viran,
este silencio sin respuestas es tu voz,
lloras en mí hombro y de nuevo no sé,
no imagino ni pienso nada.
tú estás aquí, esta noche no importa el mundo;
no sé nada, mí corazón no sabe nada,
y miro de nuevo tu rostro, tu piel y no sé nada.

Eres todas las noches que te invento,
este dolor que no tiene sitio,
de nuevo estoy triste,
como un soplo de arena,
mis manos han enterrado tu olvido,
me acuesto y duermo sobre las hojas muertas,
no eres mía más que cuando te escribo.

Esta noche te he olvidado,
como guardado tu voz en un libro,
para todas las noches en que haga falta tu cuerpo,
he cuidado de ti, puesto tu imagen
en una vitrina de sal donde no lloran los cuervos.
Vengo con mi corazón endurecido,
atravesado por tus manos,
por la hora en que no te he mirado
sin palabras, sin recuerdos a tus brazos.

Estoy solo, de nuevo, esta noche, preguntando,
en la ventana miro la ciudad muerta, el mundo es otro.
yo sé que el tiempo mira atrás, donde han quedado tus ojos,
no encuentro una voz, esta es la verdad de mi cuerpo,
a la deriva de tu noche un recuerdo,
este es el precio que pago para escribir tu cuerpo,
tu ausencia por mis versos.

La campana triste llora, a las tres de la mañana,
gota a gota este reino de sombras traspasa la memoria,
mil batallas se han librado en esta cama sola,
todas las cosas inconclusas llegan a esta noche,
di quién ensamblará este rompecabezas de dudas,
un oleaje oscuro rompe tu figura de arena quebradiza.

Acudo a tu sombra,
ésta ha querido ser la hora en que tus labios se han despedido,
en las calles muertas flota el canto ausente de la alondra,
la copa rota vuelve a mi mano y escribo.
Acudo a ese viejo truco de recordar,
para llenar el hueco que dejaste en mi pluma,
esta hora necia que no retuvo tus pasos.

Una tras otra, estas noches pretenden olvidarte,
escribo al fin para no regresar
estas viejas palabras que ya conoces,
se ha roto el cielo que escribí para ti,
esta es la certeza de mi soledad,
cómo cada noche un llanto, yo sin ti.


Escrito por Eduardo Jimenez El 08/10 a las 08:02
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