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Qué miedo da morirse de repente
sin palabras hermosas que nos salven.
Yo de veras me he muerto muchas veces
con cada amigo que se marcha.
Me muero a todas horas... lentamente,
en cada ser querido que me deja.
Qué miedo da morirse sin saberse
con toda la soledad acumulada
en el cuenco del ojo, tras la frente,
en cada imagen que en el interior estalla.
Da miedo esta manera de perderse
sin huellas de eternidad, sin decir algo.
Morirse así, sin más, tan mansamente.